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Terence Conran y Diarmuid Gavin

Guía de plantación

Una guía para aprender a diseñar plantaciones con criterio, combinando estructura, color, textura y estacionalidad para crear jardines coherentes con su entorno.

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Una guía completa para entender la plantación como una parte esencial del diseño del jardín. Terence Conran y Diarmuid Gavin muestran cómo observar un espacio con mirada de paisajista y tomar decisiones sobre estructura, color, textura, forma, proporción y evolución estacional.

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Contenido Destacado

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  • Diseño y estructura de plantaciones
  • Color, textura, forma y proporción
  • Evolución del jardín a lo largo de las estaciones
  • Adaptación de las plantas a las condiciones del lugar
  • Relación entre jardín, vivienda y paisaje
  • Ejemplos de jardines y esquemas de plantación
  • Guía práctica y directorio de plantas

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Una obra especialmente útil para comprender que una buena plantación no consiste únicamente en seleccionar especies atractivas, sino en construir relaciones entre plantas, espacio, arquitectura y paisaje.

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Guía de plantación: aprender a diseñar con plantas

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Hay una diferencia importante entre elegir plantas para un jardín y diseñar con ellas. Podemos empezar una plantación reuniendo especies que nos gustan, buscando determinados colores o dejándonos llevar por una floración especialmente atractiva. Pero cuando las plantas pasan a formar parte de un proyecto aparecen otras preguntas: ¿qué estructura tendrá la composición?, ¿cómo cambiará a lo largo del año?, ¿qué relación existirán entre alturas, volúmenes y texturas?, ¿qué papel jugará el color? Y, sobre todo, ¿qué puede funcionar realmente en ese lugar?

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Guía de plantación, de Terence Conran y Diarmuid Gavin, se construye alrededor de estas cuestiones.

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Publicada originalmente en inglés en 2009 con el título Planting: The Planting Design Book for the Twenty-First Century y editada posteriormente en castellano por Blume, la obra propone acercarse a las plantas desde la mirada del diseñador. No tanto como elementos individuales que debemos distribuir por el jardín, sino como un material vivo capaz de construir espacio, atmósfera y paisaje.

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Antes de elegir una planta, entender el lugar

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Uno de los aspectos más interesantes del libro es que la selección vegetal nunca aparece aislada del resto del proyecto. Antes de decidir qué plantar están el contexto, los objetivos y la estructura.

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Es una secuencia especialmente útil para quien empieza a diseñar jardines, porque resulta muy tentador comenzar inmediatamente por las especies, los colores o las floraciones. Sin embargo, una plantación difícilmente puede funcionar si no responde primero a las características del espacio en el que va a desarrollarse.

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La orientación, el clima, el suelo, la arquitectura, las vistas, los recorridos, la escala del lugar o el uso que tendrá el jardín condicionan inevitablemente las decisiones posteriores. Por eso el libro propone establecer una relación entre la vivienda, el jardín y el paisaje que los rodea, entendiendo el espacio exterior como parte de un conjunto y no como una superficie independiente que simplemente debemos llenar de vegetación.

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Ese cambio de orden es importante. Primero se observa el lugar y se comprende qué necesita. Después llegan las plantas.

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Las plantas también construyen espacio

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Cuando pensamos en la estructura de un jardín solemos imaginar inmediatamente los elementos construidos: muros, caminos, pérgolas, escaleras o pavimentos. Pero una de las ideas que recorre Guía de plantación es que las plantas también pueden hacer arquitectura.

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Un árbol puede crear un techo y transformar la escala de un espacio. Un seto puede actuar como límite. Una masa de arbustos puede separar dos zonas sin necesidad de levantar un muro. Una sucesión de herbáceas puede dirigir la mirada o acompañar un recorrido, mientras que una cubierta vegetal puede cambiar por completo nuestra percepción del suelo.

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El interés deja entonces de estar únicamente en qué planta elegimos y pasa a estar también en qué función desempeña dentro de la composición.

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Para quien estudia paisajismo, esta forma de mirar resulta especialmente valiosa. Permite dejar de entender el jardín como una colección de especies y empezar a verlo como una composición formada por volúmenes, vacíos, ritmos, capas y relaciones.

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Una planta puede gustarnos mucho de manera aislada y, sin embargo, no aportar nada al proyecto. Otra mucho más discreta puede ser precisamente la pieza que proporcione estructura, continuidad o equilibrio al conjunto.

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Diseñar con color más allá de la floración

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El color ocupa un capítulo específico dentro del libro, pero su tratamiento forma parte de una reflexión más amplia sobre la manera en que percibimos una plantación.

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Porque en un jardín el color nunca depende exclusivamente de las flores.

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También aparece en el follaje, las cortezas, los tallos, los frutos y las semillas, y se relaciona inevitablemente con los materiales que rodean a las plantas. Un muro, un pavimento o una grava pueden modificar la percepción de una misma combinación vegetal.

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Además, el color cambia con el tiempo.

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La misma composición puede tener una lectura completamente diferente en primavera, verano, otoño o invierno. Algunas plantas desaparecen, otras cambian de tonalidad y otras empiezan precisamente a adquirir protagonismo cuando termina la floración.

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No resulta casual que el capítulo dedicado al color vaya seguido por otro sobre las estaciones. La plantación se plantea como un sistema dinámico y no como una imagen fija.

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Y quizá esa sea una de las lecciones más importantes del diseño vegetal: un jardín no puede evaluarse únicamente durante las pocas semanas en las que alcanza su máxima floración. También hay que imaginar qué ocurre antes y, especialmente, qué queda después.

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Diseñar también significa imaginar el tiempo

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A diferencia de buena parte de los materiales utilizados en arquitectura, las plantas nunca permanecen exactamente como fueron colocadas.

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Crecen, compiten, envejecen y transforman progresivamente el espacio que ocupan. Algunas desaparecen y otras adquieren mucho más volumen del que tenían inicialmente. Los árboles desarrollan sus copas, la sombra aumenta y las condiciones de una zona pueden cambiar por completo a medida que madura el jardín.

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Diseñar una plantación significa, por tanto, diseñar también su transformación.

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La presencia de un capítulo completo dedicado a las estaciones refuerza esta idea. El objetivo no es conseguir únicamente una fotografía espectacular durante unas semanas, sino pensar cómo evolucionará la composición y qué interés podrá mantener a lo largo del año.

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Para un diseñador de jardines, anticipar ese cambio resulta tan importante como resolver la composición inicial. La plantación que vemos el primer año no es el jardín definitivo: es solamente el comienzo de un proceso.

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Cuando el estilo tiene que encontrarse con el lugar

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El libro dedica también capítulos específicos a Estilos y Condiciones, dos conceptos que pueden parecer independientes pero que, en realidad, están estrechamente relacionados.

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Podemos sentirnos atraídos por una determinada estética, por una combinación vegetal o incluso por un jardín que hemos visto en otro lugar. Pero cualquier proyecto termina encontrándose con una realidad física concreta: temperatura, disponibilidad de agua, exposición, tipo de suelo, humedad, viento o cantidad de luz.

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El trabajo del diseñador consiste precisamente en conseguir que intención y lugar dialoguen.

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No se trata de imponer una imagen sobre el terreno, sino de comprender qué queremos conseguir y encontrar después la manera de construirlo utilizando plantas capaces de desarrollarse en esas condiciones.

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Esta forma de pensar convierte las limitaciones del lugar en parte del proyecto. El suelo, el clima o la orientación dejan de ser obstáculos que tenemos que superar para convertirse en información que puede ayudarnos a tomar decisiones.

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Aprender observando jardines reales

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Como ocurre con muchos buenos libros de paisajismo, una parte importante del aprendizaje de Guía de plantación sucede a través de las imágenes.

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Conran y Gavin recurren a ejemplos procedentes de jardines de diferentes lugares del mundo para mostrar cómo las decisiones de diseño terminan traduciéndose en espacios reales. La editorial presenta precisamente la obra como una herramienta creativa apoyada en ejemplos, esquemas y aspectos prácticos de jardines internacionales.

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Eso permite utilizar sus fotografías de una forma que va más allá de buscar inspiración.

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Podemos detenernos ante una imagen e intentar descubrir por qué funciona esa plantación. Observar qué elemento proporciona estructura, dónde aparece la repetición, qué proporción existe entre masa vegetal y espacio abierto o qué papel desempeña el follaje cuando desaparecen las flores.

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También podemos comparar dos especies que aparecen juntas y preguntarnos qué relación existe entre ellas: si comparten una textura, si contrastan por su forma, si una sirve de fondo para la otra o si sus ciclos estacionales permiten que vayan relevándose a lo largo del año.

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Convertir fotografías de jardines en pequeños ejercicios de análisis es una excelente forma de desarrollar criterio, y un libro como este proporciona abundante material para hacerlo.

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De la inspiración a la aplicación práctica

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La obra no se queda únicamente en principios generales. Después de recorrer cuestiones como las influencias, el contexto, los objetivos, la estructura, el color, las estaciones, los estilos y las condiciones, termina con una guía práctica y un directorio de plantas.

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El orden tiene sentido porque reproduce, en cierta medida, el proceso que debería seguir un proyecto.

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Primero comprender el lugar y definir qué queremos conseguir. Después tomar decisiones sobre la estructura, el carácter y la evolución de la plantación. Y solamente entonces empezar a seleccionar las especies que pueden hacer posible esa idea.

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El directorio vegetal cobra así mucho más sentido al final del libro que al principio. Ya no se utiliza simplemente para encontrar una planta atractiva, sino para buscar una especie capaz de resolver una necesidad concreta dentro del diseño.

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La selección vegetal deja de ser el punto de partida para convertirse en la consecuencia del proyecto.

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Dos miradas sobre una misma idea de diseño

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La colaboración entre los dos autores ayuda también a entender el carácter del libro.

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Terence Conran fue una figura fundamental del diseño británico contemporáneo y fundador de Habitat. Buena parte de su trabajo estuvo relacionado con la idea de integrar diseño y vida cotidiana, una manera de pensar los espacios que se extendió también a su interés por los jardines.

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Diarmuid Gavin, por su parte, ha desarrollado su carrera específicamente alrededor del diseño y la construcción de jardines, caracterizándose por cuestionar convenciones y explorar aproximaciones contemporáneas al paisajismo.

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De la combinación de ambas miradas surge una idea que aparece una y otra vez a lo largo de la obra: las plantas son importantes, pero también lo son el espacio que construyen y la experiencia de quien lo habita.

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Aprender a formular mejores preguntas

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Quizá la forma más interesante de utilizar Guía de plantación no sea buscar entre sus páginas una composición para reproducirla literalmente.

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Su mayor utilidad está en aprender a mirar un lugar y formular mejores preguntas.

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¿Qué necesita este espacio? ¿Qué merece la pena conservar? ¿Cómo debería sentirse dentro de cinco o diez años? ¿Dónde hace falta estructura y dónde conviene dejar espacio? ¿Qué plantas mantendrán interés cuando desaparezca la flor? ¿Dónde necesitamos repetición y dónde contraste? ¿Qué relación establecerá la plantación con la casa y con el paisaje que existe más allá de sus límites?

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Son preguntas que obligan a pensar primero en el jardín y después en las especies.

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Y cuando empezamos a trabajar de esa manera, elegir plantas deja de ser el comienzo del proceso. Se convierte en la consecuencia de una idea.

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Ahí empieza realmente el diseño de plantaciones.

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Guía de plantación

Terence Conran y Diarmuid Gavin

Editorial Blume, 2010

272 páginas · 25 × 35 cm · Rústica con solapas

ISBN 978-84-8076-875-7

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Todas las fotos pertenecen a la editorial Blume.

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