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Editores Phaidon con Nigel Dunnett y Sorrel Everton

Jardines junto al mar

Una guía visual para descubrir 48 jardines costeros de seis continentes y explorar cómo el diseño, la vegetación y la arquitectura responden al mar, el viento, la sal y los retos del paisaje litoral.

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Una completa recopilación para explorar la diversidad del diseño de jardines costeros a través de 48 proyectos privados de seis continentes. Editores Phaidon, con una introducción de Nigel Dunnett y textos de Sorrel Everton, reúne propuestas que muestran distintas formas de diseñar en diálogo con el mar, la sal, el viento, la roca y un clima en constante transformación.

Contenido Destacado

  • 48 jardines costeros privados de seis continentes
  • Jardines sobre acantilados rocosos
  • Plantaciones pensadas para la resiliencia
  • Diseños que enmarcan y potencian las vistas al océano
  • Jardines situados junto a la playa
  • Soluciones frente al viento, la sal y las condiciones climáticas extremas
  • Proyectos en el Mediterráneo, Australia, Reino Unido, California y otros paisajes costeros
  • Un ensayo de Nigel Dunnett sobre adaptabilidad, resiliencia y cambio climático  

Una obra especialmente interesante para quienes buscan ampliar sus referencias visuales y entender cómo el diseño de jardines puede responder a condiciones costeras exigentes, convirtiendo las limitaciones del entorno en espacios de gran belleza, carácter y conexión con el paisaje.

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Jardines junto al mar: diseñar allí donde la tierra se encuentra con el océano

Diseñar un jardín junto al mar implica trabajar con un paisaje que nunca permanece completamente quieto. El viento, la sal, las mareas, la exposición solar, la roca y la propia proximidad del océano condicionan tanto la elección de las plantas como la manera de construir y recorrer el espacio.

Pero esas limitaciones también pueden convertirse en el punto de partida del proyecto.

Eso es precisamente lo que explora Jardines junto al mar, publicado por Phaidon: 48 jardines privados distribuidos por seis continentes que muestran diferentes maneras de responder a algunos de los entornos más exigentes para el diseño de jardines. Desde acantilados mediterráneos hasta dunas australianas, costas británicas sometidas a las mareas o paisajes rocosos de California, cada proyecto plantea una relación distinta entre vegetación, arquitectura y mar.

El resultado no es solamente una colección de jardines con vistas espectaculares.

Es también una oportunidad para observar cómo el diseño puede adaptarse a un lugar sin intentar borrar aquello que lo hace difícil.

Diseñar con el mar, no contra él

Una de las ideas que atraviesa el libro es la capacidad de adaptación.

En un jardín costero, el paisaje impone condiciones muy concretas. Hay lugares expuestos a fuertes vientos, terrenos rocosos, suelos difíciles, salinidad, calor o cambios constantes asociados al clima.

La pregunta entonces deja de ser únicamente qué jardín queremos construir y pasa a ser otra:

¿Qué jardín puede existir aquí?

Los proyectos seleccionados muestran precisamente esa búsqueda.

Algunos utilizan plantaciones capaces de soportar situaciones muy expuestas. Otros aprovechan la topografía para generar protección. En determinados casos, el jardín parece prolongar la vegetación espontánea del entorno; en otros, se construye una composición mucho más controlada que utiliza el paisaje marítimo como telón de fondo.

El volumen se abre, además, con un ensayo de Nigel Dunnett, profesor de Diseño de Plantaciones y Horticultura Urbana de la Universidad de Sheffield, dedicado a la adaptabilidad y resiliencia de los jardines costeros en un contexto de cambio climático.  

Eso introduce una cuestión especialmente interesante para quienes trabajan con paisaje:

diseñar no consiste solamente en imponer una forma sobre un terreno.

También significa entender qué condiciones existen y aprender a trabajar a partir de ellas.

Cuatro maneras de aproximarse al jardín costero

Los textos de Sorrel Everton, escritora y editora especializada en jardines y ex subeditora de Gardens Illustrated, organizan el recorrido a través de cuatro grandes situaciones características del paisaje litoral.

El libro aborda:

  • jardines situados sobre acantilados rocosos
  • plantaciones diseñadas para la resiliencia
  • jardines que enmarcan las vistas hacia el océano
  • espacios construidos directamente junto a la playa

Son cuatro categorías aparentemente sencillas, pero permiten entender hasta qué punto la relación con el mar puede transformar las decisiones de proyecto.

En algunos jardines, el océano domina completamente la escena.

En otros apenas aparece entre la vegetación.

A veces el diseño abre grandes perspectivas hacia el horizonte y otras veces utiliza árboles, arbustos o muros para controlar cuidadosamente cuándo aparece esa vista.

Esto recuerda que una vista espectacular no tiene por qué mostrarse constantemente.

También puede construirse mediante el recorrido.

Ocultarla.

Enmarcarla.

Descubrirla poco a poco.

El mar pasa entonces de ser simplemente el paisaje que rodea al jardín a convertirse en uno de los materiales con los que se diseña.

Cuando la topografía forma parte del proyecto

Uno de los ejemplos destacados del libro se encuentra en Portofino, donde Philip Vergeylen desarrolla un jardín formado por veintinueve terrazas talladas sobre una ladera.

El resultado es una sucesión de espacios suspendidos entre la roca y el mar.

Es un buen ejemplo de cómo la topografía puede dejar de entenderse como un problema que debe corregirse.

La pendiente se convierte en la estructura del jardín.

Cada terraza modifica la altura desde la que se observa el paisaje.

Cada cambio de nivel genera una nueva relación con el horizonte.

Y el recorrido adquiere una dimensión que difícilmente existiría en un terreno completamente plano.

Algo parecido sucede en el jardín diseñado por Darren Hawkes en Fowey, Cornualles, donde una plantación en capas, dominada por tonos azules y púrpuras, desciende hacia una cala protegida.

En ambos casos, paisaje y jardín resultan difíciles de separar.

La topografía no funciona simplemente como soporte.

Forma parte de la composición.

Para quienes estudian paisajismo, observar este tipo de proyectos puede resultar especialmente útil porque permite preguntarse hasta qué punto estamos aprovechando realmente las características de un lugar antes de comenzar a transformarlo.

Plantas capaces de vivir en condiciones difíciles

En un jardín costero, la elección vegetal adquiere una importancia especial.

No todas las especies pueden desarrollarse correctamente frente al viento, la exposición o la salinidad. Pero los proyectos del libro muestran que trabajar con estas limitaciones no significa necesariamente reducir las posibilidades del jardín.

En la península griega de Argólida, por ejemplo, Jennifer Gay combina arbustos autóctonos con árboles costeros para crear un refugio frente al calor y trabajar simultáneamente con el color, la textura y la forma.

En Australia, el South Seas Garden, diseñado por Fiona Brockhoff, utiliza entre sus plantaciones banksias costeras y pinos cipreses nativos para integrar la vivienda dentro del paisaje.

Son ejemplos que plantean una idea importante:

la resiliencia no tiene por qué estar separada de la belleza.

Una plantación puede estar pensada para responder a unas condiciones ambientales determinadas y, al mismo tiempo, construir una experiencia espacial rica.

Quizá precisamente ahí se encuentre una de las cuestiones más interesantes del jardín contemporáneo.

No elegir las plantas únicamente porque producen una determinada imagen.

Elegirlas también porque tienen sentido en ese lugar.

California, Mediterráneo, Australia: problemas parecidos, respuestas diferentes

La escala internacional del libro permite comparar jardines construidos en situaciones geográficas muy distintas.

En Santa Cruz, California, Surf House, diseñado por Ground Studio, combina gramíneas resistentes y suculentas en un jardín situado directamente sobre el océano.

En Ibiza aparece Cala Mastella, de Alfonso Pérez-Ventana; en Chile, el Bahía Azul Garden de Juan Grimm; en Sudáfrica, proyectos como Keurbooms Cottage o Hout Bay Garden; mientras Australia concentra varios ejemplos repartidos por sus paisajes costeros.

También encontramos jardines en Grecia, Francia, Reino Unido, Italia, Suecia, Hawái, Bahamas o Rhode Island.  

Las condiciones cambian.

Las especies cambian.

La arquitectura cambia.

La cultura cambia.

Pero la pregunta permanece:

¿cómo se diseña un jardín cuando el mar forma parte inseparable del lugar?

Comparar las respuestas resulta probablemente más útil que intentar buscar una única fórmula.

Porque un jardín costero mediterráneo no necesita parecerse a uno australiano.

Y un proyecto situado en Cornualles no puede resolver de la misma manera las condiciones de un jardín tropical.

Lo interesante está en comprender qué permanece y qué cambia de un contexto a otro.

El paisaje también se diseña a través de las vistas

Otro aspecto especialmente interesante es la relación entre jardín y horizonte.

Cuando un proyecto se encuentra frente al mar podría parecer evidente intentar mostrar la vista constantemente.

Pero los mejores espacios pueden ser más complejos.

Una plantación puede filtrar el paisaje.

Un árbol puede introducir profundidad.

Un muro puede ocultar temporalmente el horizonte.

Un camino puede conducir hacia un punto concreto desde el que finalmente aparece el océano.

Diseñar una vista significa decidir desde dónde se observa.

Qué queda en primer plano.

Qué se oculta.

Qué se revela.

Y durante cuánto tiempo.

Los jardines recogidos en el libro permiten observar precisamente cómo el paisaje exterior puede incorporarse a la composición del jardín sin necesidad de pertenecer físicamente a él.

Una de las grandes particularidades de trabajar frente al mar es que una parte enorme del proyecto se encuentra más allá de los límites de la parcela.

El horizonte.

El cielo.

Las rocas.

Las mareas.

La luz.

Todo ello termina participando en la experiencia del espacio.

Aprender observando cómo responde cada jardín

Como ocurre con los grandes libros visuales de paisajismo, una parte importante del valor de Jardines junto al mar está en sus imágenes.

El volumen cuenta con 250 ilustraciones en color, y las fotografías permiten recorrer jardines extremadamente diferentes tanto en escala como en carácter.

Entre los fotógrafos presentes se encuentran Marion Brenner, Claire Takacs, Clive Nichols y Richard Bloom, cuyas imágenes ayudan a mostrar los cambios de luz, la vegetación y el dramatismo propio de estos paisajes costeros.

Pero mirar estos proyectos puede servir para algo más que buscar referencias estéticas.

Podemos detenernos frente a cada jardín y preguntarnos:

¿Por qué esa vegetación funciona en ese lugar?

¿Cómo se protege el espacio frente al viento?

¿Dónde comienza realmente el jardín y dónde empieza el paisaje natural?

¿Cómo se relaciona la arquitectura con la costa?

¿La vista hacia el mar se muestra o se oculta?

¿Qué especies parecen asumir la exposición más extrema?

¿Cómo se ha utilizado la topografía?

¿Qué partes del jardín parecen diseñadas y cuáles parecen simplemente pertenecer al lugar?

Ese ejercicio transforma un libro de inspiración en una herramienta para desarrollar criterio.

Porque observar muchos jardines no sirve únicamente para acumular imágenes.

Sirve para empezar a comprender por qué se toman determinadas decisiones.

El jardín como parte de un paisaje mayor

Quizá uno de los aprendizajes más interesantes que deja el libro sea precisamente este.

Un jardín costero difícilmente puede diseñarse ignorando aquello que lo rodea.

El océano tiene demasiado peso.

La topografía tiene demasiado peso.

El viento, la roca, la vegetación existente y la luz condicionan demasiado el espacio como para tratarlos simplemente como un fondo.

Los proyectos más interesantes parecen surgir cuando el jardín comienza a dialogar con esos elementos en lugar de intentar competir con ellos.

Eso puede significar utilizar vegetación adaptada.

Aceptar determinadas zonas más expuestas.

Trabajar con especies propias del paisaje.

Utilizar la topografía existente.

Enmarcar el horizonte.

O incluso permitir que algunas partes del jardín tengan una apariencia más espontánea.

Diseñar junto al mar obliga, en cierta medida, a reconocer que el paisaje ya estaba allí antes que nosotros.

Y quizá el proyecto comienza precisamente cuando entendemos qué merece permanecer y qué podemos añadir.

48 maneras de responder al mismo paisaje

Jardines junto al mar no ofrece una receta para diseñar jardines costeros.

Y probablemente esa sea una de sus mayores virtudes.

Ofrece 48 respuestas diferentes.

Podemos observar un jardín construido sobre un acantilado mediterráneo y después pasar a una plantación australiana situada junto a la playa.

Encontrar un proyecto donde la vegetación domina completamente la composición.

Y unas páginas después descubrir otro donde la arquitectura y las terrazas construyen prácticamente toda la estructura del espacio.

En un jardín, el mar aparece inmediatamente.

En otro, apenas se descubre entre árboles y arbustos.

Cada proyecto obliga a tomar decisiones distintas.

Y recorrerlos permite comprender algo esencial para cualquier persona interesada en el diseño del paisaje:

un buen jardín no comienza necesariamente con una imagen que queremos reproducir.

Puede comenzar observando.

El clima.

El terreno.

La vegetación.

La arquitectura.

La orientación.

Las vistas.

Y preguntándonos qué tipo de jardín podría realmente pertenecer a ese lugar.

En este caso, lugares donde la tierra termina y comienza el océano.

Y donde diseñar significa, probablemente más que en ningún otro paisaje, aprender a convivir con los elementos.

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Jardines junto al mar
Editores Phaidon
Introducción de Nigel Dunnett · Textos de Sorrel Everton
Phaidon, 2026
264 páginas · 27 × 20,5 cm · Tapa dura
250 ilustraciones en color
ISBN 9781837290925

Todas las imágenes pertenecen a sus respectivos autores y a Phaidon; el material de prensa proporcionado especifica las condiciones y créditos necesarios para su reproducción.

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