El diseño con mínima intervención respeta mejor el paisaje existente porque conserva el suelo y la flora nativa, evita modificar niveles y árboles, y reduce los insumos externos y el mantenimiento. Además permite integrar arquitectura y jardín con sensibilidad, de modo que la frontera entre lo diseñado y el entorno natural casi desaparezca.
Diseño respetuoso del paisaje y mínima intervención
En el mundo del paisajismo, la intervención mínima y el respeto por el entorno natural son principios fundamentales para lograr espacios que no solo sean estéticamente agradables, sino que también conserven la identidad y biodiversidad del lugar. Fernanda, paisajista naturalista mexicana, comparte en su experiencia cómo estos principios guían su trabajo, desde la conservación del suelo y la flora nativa hasta la integración sensible de la arquitectura con el paisaje.
Principios de mínima intervención: conservar suelo y flora nativa
Uno de los pilares del diseño respetuoso del paisaje es intervenir lo menos posible en el terreno original. Fernanda destaca que en sus proyectos evita modificar los niveles del suelo, especialmente en terrenos con pendientes pronunciadas, para no dañar los árboles existentes ni alterar la estructura natural del lugar. En su trabajo en zonas como Cuajimalpa, donde predominan bosques de pino y encino, busca “borrar la frontera” entre el jardín diseñado y el paisaje natural adyacente, logrando una continuidad visual que hace difícil distinguir dónde termina uno y comienza el otro.
Además, la conservación del suelo es esencial. En proyectos industriales, como el parque lineal dentro de las instalaciones de Ferromex en Guadalajara, se plantaron especies adaptadas al suelo duro y pobre sin mejorarlo artificialmente, demostrando la nobleza y resiliencia de las plantas nativas y adaptadas. Este enfoque reduce la necesidad de insumos externos y favorece la sostenibilidad del proyecto.
Respetar el bosque y la estepa: identidad y biodiversidad
Fernanda enfatiza la importancia de respetar los ecosistemas locales, ya sea bosque, estepa o zonas urbanas con vegetación remanente. Su trabajo se inspira en la identidad del paisaje cultural, entendiendo que cada sitio tiene una historia y un carácter que deben reflejarse en el diseño. Por ejemplo, en la Ciudad de México, donde vive, incorpora elementos del bosque de pino y encino y utiliza mezclas de plantas que protegen unas a otras, imitando las relaciones naturales.
La selección de plantas es cuidadosa para evitar especies invasoras y favorecer la biodiversidad. Aunque no es estrictamente fundamentalista con el uso exclusivo de plantas nativas, Fernanda opta por especies exóticas no invasoras que se han integrado a la identidad local, como algunos aloes africanos, que aportan valor estético y ecológico sin dañar el entorno.
Integrar arquitectura y paisaje con sensibilidad
El diseño naturalista busca que la arquitectura y el paisaje dialoguen en armonía. Fernanda relata cómo en proyectos residenciales trabaja con arquitectos para que las casas parezcan “enclavadas” en el bosque, respetando la vegetación original y creando jardines que abrazan a las personas que los habitan. La escala, la textura y la densidad de la plantación se diseñan para generar espacios acogedores y dinámicos, donde el usuario puede descubrir las plantas y sentirse parte del entorno.
Además, el diseño evita la rigidez y la repetición monótona, prefiriendo composiciones multicapa y multiciclo que reflejan la complejidad natural. La intervención es cuidadosa, con un diseño que parece espontáneo pero que está muy estudiado para lograr un equilibrio entre estética y funcionalidad.
Beneficios del diseño respetuoso y naturalista
Este enfoque no solo crea jardines bellos y únicos, sino que también genera bienestar para las personas y el medio ambiente. Al conservar el suelo y la flora nativa, se protege la biodiversidad y se reduce el mantenimiento y el consumo de recursos como el agua. La integración sensible con la arquitectura potencia la identidad local y cultural, evitando la homogeneización que suele traer la globalización.
Fernanda también destaca la importancia de educar a los usuarios y clientes sobre el valor del paisajismo naturalista, mostrando el proceso y los resultados a lo largo del tiempo para que comprendan que un jardín recién plantado puede parecer simple, pero con el tiempo se transforma en un ecosistema vivo y complejo.
Conclusión
El diseño respetuoso del paisaje y la mínima intervención son claves para crear espacios que honren la naturaleza y la cultura local. Al conservar el suelo y la flora nativa, respetar los ecosistemas y lograr una integración sensible con la arquitectura, se construyen jardines que no solo embellecen, sino que también fomentan la biodiversidad y el bienestar humano. Este enfoque, basado en la observación y la interpretación de la naturaleza, invita a repensar el paisajismo como una práctica consciente y sostenible, donde menos es más y cada elemento tiene un propósito.





