Para conseguir un jardín atractivo durante todo el año hay que diseñar una secuencia estacional y no depender únicamente de la floración. Bulbos a finales del invierno, vivaces en primavera y verano, frutos y coloraciones otoñales, y gramíneas, tallos o estructuras secas durante el invierno permiten mantener el interés del jardín durante los doce meses.
Diseñar pensando en el tiempo
Un jardín nunca permanece igual.
Las plantas brotan, florecen, producen semillas, cambian de color y finalmente entran en reposo. Para Fernando González, esa transformación no es un inconveniente que haya que ocultar, sino uno de los principales materiales con los que trabaja el paisajista.
La estacionalidad aparece constantemente en sus proyectos.
El objetivo no es conseguir que todo florezca al mismo tiempo, sino construir una sucesión de momentos capaces de mantener vivo el jardín durante el año.
La primavera puede empezar con los bulbos
Uno de los problemas habituales de los jardines de vivaces aparece al finalizar el invierno.
Muchas plantas todavía no han comenzado a desarrollarse y el jardín puede parecer vacío durante varias semanas.
La solución utilizada en numerosos proyectos británicos y también por Fernando consiste en introducir una cantidad importante de bulbos.
Narcisos, muscaris y diferentes Allium pueden proporcionar una primera explosión de color antes de que las vivaces alcancen su tamaño definitivo.
Cuando esas primeras floraciones empiezan a desaparecer, comienza el desarrollo de las plantas perennes, generando una transición progresiva entre estaciones.
¿Cómo distribuye Fernando González los bulbos?
Su sistema busca evitar una composición excesivamente artificial.
Primero mezcla los bulbos y después los distribuye de manera aleatoria por la superficie, plantándolos aproximadamente allí donde han caído.
De esta manera no aparecen necesariamente grandes grupos perfectamente delimitados, sino una distribución más espontánea integrada entre las vivaces.
Normalmente planta primero las vivaces y posteriormente incorpora los bulbos, aunque la secuencia puede cambiar cuando el calendario de ejecución obliga a hacerlo de otra manera.
En jardines cubiertos con grava, los bulbos pueden plantarse simplemente abriendo la capa, colocándolos a la profundidad adecuada y cerrando posteriormente la superficie.
No todos los bulbos funcionan igual
La elección depende mucho del clima.
Fernando señala buenos resultados con narcisos tanto en el norte como en el centro de España, así como con muscaris y algunos Allium.
Crocus o Galanthus plantean otro problema: debido a su pequeño tamaño, cuando aparecen dentro de una plantación densa pueden necesitar cantidades muy importantes para producir verdadero impacto visual.
Los tulipanes, en cambio, no forman parte habitual de sus plantaciones, entre otras razones por su comportamiento menos fiable a largo plazo en algunos de los lugares donde trabaja.
La lección es aplicable al resto del jardín: no basta con saber que una planta puede crecer en determinado clima; también debemos valorar qué función tendrá dentro de la composición.
El verano no tiene que ser el único protagonista
Durante primavera y verano las vivaces proporcionan gran parte de la floración.
Salvias, nepetas, rudbeckias, sedums o diferentes gramíneas aparecen sucesivamente en los proyectos mostrados durante la sesión.
Pero diseñar únicamente para esos meses significa perder gran parte de las posibilidades del jardín.
En Casa Marcial, por ejemplo, la plantación se concibió para relacionarse con el paisaje asturiano durante diferentes épocas del año.
Los manzanos ornamentales aportan flor blanca en primavera, pequeños frutos posteriormente y tonos amarillos y anaranjados en otoño.
Las gramíneas y otras vivaces van modificando progresivamente sus colores y texturas a medida que avanza la temporada.
El otoño también puede ser espectacular
El color otoñal no tiene por qué depender únicamente de grandes árboles.
Gramíneas como los Panicum o plantas como Hakonechloa pueden pasar del verde a tonalidades doradas, rojizas o anaranjadas.
Los frutos también introducen nuevas capas de color cuando las floraciones comienzan a desaparecer.
En lugar de considerar esta etapa como el final del jardín, puede diseñarse como una transición hacia una estética completamente diferente.
¿Qué ocurre en invierno?
Fernando defiende también el valor del marrón, los grises y las estructuras secas.
Muchas gramíneas mantienen sus espigas durante meses. Algunas vivaces pierden el color pero conservan siluetas interesantes, mientras que determinadas plantas pueden adquirir tonos casi blancos.
También pueden utilizarse especies elegidas específicamente por sus tallos. En Casa Marcial se incorporó Cornus sanguinea para que sus ramas rojizas adquirieran protagonismo cuando desapareciera gran parte del follaje.
La luz baja del invierno puede transformar esas estructuras secas y convertirlas casi en esculturas.
Por eso, en estos jardines el mantenimiento no implica necesariamente cortar todo en cuanto termina la floración.
Fernando deja muchas de sus plantaciones prácticamente intactas hasta finales de febrero.
Diseñar una secuencia y no una fotografía
Una de las diferencias fundamentales entre diseñar un jardín y diseñar un espacio estático es precisamente el tiempo.
La composición que vemos en mayo no será la misma de septiembre ni la de enero.
El paisajista debe imaginar esas transformaciones desde el principio.
¿Qué aparece cuando desaparecen los bulbos? ¿Qué planta toma el relevo después de la salvia? ¿Qué estructura queda cuando termina la floración? ¿Qué color tendrán las gramíneas durante el invierno?
Pensar mediante esas preguntas permite construir jardines capaces de cambiar sin perder interés.
Conclusión
Un jardín atractivo durante todo el año no necesita estar permanentemente lleno de flores.
Necesita una buena secuencia.
Bulbos para anticipar la primavera, vivaces para continuar la temporada, gramíneas y frutos para acompañar el otoño y tallos, semillas y estructuras secas para construir el paisaje invernal.
Aceptar el paso del tiempo permite diseñar jardines más dinámicos y, sobre todo, mucho más interesantes.





