El vivero propio de Fernanda, ubicado en las chinampas de Xochimilco, funciona como laboratorio vivo de producción vegetal desde semilla, garantizando control sobre la diversidad genética y la adaptación climática de cada especie. Las semillas, donadas o recolectadas en campo, permiten seleccionar plantas que prosperan en las condiciones específicas de la Ciudad de México, descartando aquellas de comportamiento invasor. Las pruebas de adaptabilidad evalúan crecimiento, floración y resistencia a plagas bajo distintas condiciones de luz, suelo y humedad, ajustando densidades y mezclas para optimizar el diseño multicapa. Esta capacidad de producción —más de 75.000 plantas en pocos meses en algunos proyectos— garantiza disponibilidad para intervenciones de gran escala, reduce la huella ambiental del transporte vegetal y refuerza un modelo de paisajismo naturalista sostenible, profundamente arraigado en la identidad cultural y biológica del territorio mexicano.
Producción vegetal y vivero
La producción vegetal y la creación de viveros son fundamentales para el desarrollo del paisajismo naturalista, especialmente en contextos urbanos como Xochimilco, Ciudad de México. Fernanda, paisajista mexicana con casi 20 años de experiencia, comparte su recorrido y aprendizajes en la producción de plantas desde semilla, manejo de especies y pruebas para asegurar su adaptabilidad y disponibilidad en proyectos de paisajismo.
Creación del vivero en Xochimilco
El vivero de Fernanda está ubicado en la zona de las chinampas de Xochimilco, un área con un suelo especial y una historia agrícola ancestral. Este espacio no solo es un lugar para producir plantas, sino también un laboratorio vivo donde se experimenta con diferentes especies y mezclas para lograr paisajes naturales que reflejen identidad y biodiversidad. La producción desde semilla es clave para garantizar plantas adaptadas al clima y suelo local, además de permitir un control más riguroso sobre la calidad y la diversidad genética de las plantas.
Producción de plantas desde semilla
La producción vegetal en el vivero se basa en la germinación y cultivo de semillas, muchas de ellas donadas por fundaciones o recolectadas en campo. Este método permite obtener plantas que se adaptan mejor al entorno, ya que se seleccionan especies que pueden prosperar en las condiciones específicas de la Ciudad de México y sus alrededores. Además, se realizan pruebas constantes para evaluar la adaptabilidad de las especies, descartando aquellas que resultan invasoras o poco resistentes.
Fernanda destaca que la producción propia de plantas es esencial para mantener la coherencia del diseño naturalista, ya que muchas plantas comerciales no cumplen con los requisitos de biodiversidad y resistencia que ella busca. En su vivero, se producen desde herbáceas hasta árboles, con un enfoque en la complejidad y la multicapa de la plantación, lo que contribuye a crear jardines que evolucionan y se mantienen saludables a lo largo del tiempo.
Manejo de especies y pruebas de adaptabilidad
El manejo de especies en el vivero implica una selección cuidadosa basada en la experiencia y en estudios sobre la ecología local. Se evita el uso de plantas invasoras y se promueve la integración de especies exóticas no invasoras que aportan valor estético y ecológico. Por ejemplo, algunas plantas africanas se han integrado exitosamente en el paisaje mexicano debido a su similitud climática y su aporte a la biodiversidad.
Las pruebas de adaptabilidad incluyen la observación del comportamiento de las plantas en diferentes condiciones de luz, suelo y humedad. Se evalúa su crecimiento, floración y resistencia a plagas, lo que permite ajustar las mezclas y densidades de plantación para optimizar el rendimiento y la estética del jardín. Este proceso es dinámico y requiere constante innovación y aprendizaje.
Disponibilidad y sostenibilidad
Contar con un vivero propio también asegura la disponibilidad de plantas para proyectos de gran escala, como parques industriales o intervenciones urbanas, donde la demanda puede ser muy alta. Fernanda menciona que en algunos proyectos se han producido más de 75,000 plantas en pocos meses, demostrando la capacidad de producción y la importancia de planificar con anticipación.
Además, la producción local reduce la huella ambiental asociada al transporte de plantas y fomenta prácticas sostenibles, como el uso de materiales reciclados y el respeto por el suelo original sin necesidad de mejorarlo artificialmente. El vivero se convierte así en un motor para la conservación y la promoción de un paisajismo que respeta la identidad cultural y natural del lugar.
Conclusión
La experiencia de Fernanda en la producción vegetal y manejo de viveros en Xochimilco es un ejemplo inspirador de cómo el paisajismo naturalista puede integrarse con la producción local de plantas para crear espacios vivos, sostenibles y con identidad. La clave está en la producción desde semilla, la selección cuidadosa de especies y las pruebas constantes para asegurar la adaptabilidad y disponibilidad, elementos que garantizan el éxito y la durabilidad de los proyectos paisajísticos.
Este enfoque no solo aporta valor estético y ecológico, sino que también fortalece la conexión entre las personas y su entorno, promoviendo un paisaje que refleja la cultura y la biodiversidad de México.





